:D

“Cuando un hombre miente
mata a una parte del mundo.
Éstas son las muertes pálidas
a las que los hombres mal llaman «sus vidas».
No puedo soportar
seguir siendo testigo de todo esto.
¿No puede el reino de los cielos
llevarme a casa?”
-Cliff B.

martes, 11 de mayo de 2010

Gajes del Oficio.

Ella era bonita. El tostado de su piel relucía de entre las demás pieles, sus cabellos eran tan largos y hermosos que deleitaban a cualquiera al moverse con el viento. La alegría se reflejaba en sus ojos, grandes y negros como la noche misma.
Él era apuesto. Su blanca piel hacía resaltar el verde claro de sus ojos. Su cabello negro crespo era pequeño y casi sin forma, y la alegría también se veía reflejada en sus ojos.
Sus sonrisas eran blancas y regias. Encajaban perfecto con el resto de su cuerpo, eran llamadas por la misma fuerza; siempre al compás, una de la otra. Ambos estaban en mi lista.
Dejé que jugaran un poco. Que se divirtieran experimentando una y otra vez lo que yo me encargaría por consumir dentro de algún tiempo. Ese fue el error.
Como no había nada mío en ese encuentro, ambos podrían distinguir con un poco de atención la realidad que se les presentaba. El mundo que se abría ante ellos, y que en otras ocasiones no dudarían en avanzar aunque la oscuridad cubriera el sendero.
El primero en distinguirlo fue él. Claro, su experiencia y amplio conocimiento le facilitaba la tarea. Lo supo, y lo externó casi al mismo tiempo. Ese fue su error.
Ella, tardó un poco más. Su inocencia y poco conocimiento del tema, hicieron más ardua la labor. Lo supo, y lo dejó pasar. Ese fue su error.
Y yo, permanecía callado, observando y deduciendo el momento preciso para dar marcha con lo que a mi me tocaba.
Los problemas comenzaron justo después de que ambos estuvieran al tanto de la situación. Los dos lo sabían, he hicieron valer su conocimiento. Ese fue su error.
Por un momento, ella fue feliz, Él fue feliz.
Pero salió a flote lo que normalmente yo me encargo en ocultar. Lo que cada uno tiene, que con el tiempo se vuelve insoportable para otra persona. El contacto humano que se vuelve intolerable.
Esta vez, ella fue la primera que lo notó. Porque su experiencia en el tema de intolerancia humana le permitió encontrar en el otro miles de defectos.
Él por su parte, siguió con su vida. Mezclando amor con amistad, presente con futuro, y simplemente dejó de pensar en el tema. Él no sabía nada.
Ella fue la más afectada, por que lo sabía. Y él no.
Su corazón latía con fuerza cada que él se acercaba. Cada que sus labios pronunciaban cualquier palabra, cada que esbozaba una sonrisa. Cuando era él.
Él, ni siquiera lo notaba. Seguía con su actitud de hombre. Con sus comentarios y sonrisas. Su corazón palpitaba también, cuando ella sonreía, cuando sus ojos lo miraban fijamente pidiéndole a gritos un poco de amor.
Me enternecí por la manera como ella quería. Odio ver llorar a las personas, y mi trabajo así lo requiere. Estuve atento a la forma cómo ella esperaba a que el llegase y le hablara un poco, cómo ella simplemente no dejaba de pensar en él.
Él, lo sabía y no hizo nada. Lo sentía también, pero pensaba en el futuro. En un futuro próximo en el que tal vez, ella no estaría. Y eso lo hacía callar, una y otra vez.
Ella, comenzó a pensar demasiado en la situación, supe de inmediato que su capacidad era bastante como para resucitar su corazón sin necesidad de la intervención divina. La dejé pensar un poco más. Y mientras tanto reflexioné en las muchas otras veces en los que presencié actos similares, estoy tan acostumbrado a esto, que hasta las muertes me parecen comunes. “Murió de amor” es un gran tema de conversación, poco usual para ustedes, pero tan frecuente en mi vida, que ya no sé si en realidad era amor o solo costumbre.
Las personas de hoy en día, confunden todo. Y el hecho de que no sepan ni en donde están pisando, los hace mentir tan frecuentemente que todo a su rededor se crea a base de falsedades y controversias. Ya no se como actuar, mi trabajo ya casi no es necesario porque hay otros distractores que lamentablemente someten a los hombres a errores y estupideces.
Cada vez, hay menos personas que no creen en mí, que no saben de mí.
Cada vez, hay mas personas cometiendo barbaridades en mi nombre. Sabiendo que hacen mal y dejando de lado lo que en realidad importa.
Mis flechas, son cada vez menos. El jefe así lo quiere. Que porque salieron defectuosas argumentó. Que la sustancia tolerancica-X91 se derramó por fuerzas externas y que solo alcanzó para unas cuantas flechas, las doradas. Y aún no estoy autorizado para utilizarlas, por eso me veo en estos apuros. Porque si presiento que tengo que hacer uso de una de esas, primeramente tengo que avisar al jefe y él optará por tomar la decisión.
Y mientras tanto, yo aquí, haciendo uso de estas miserables saetas de apagado color que solo ocasionan problemas; y para colmo de mis males, a causa de ello, ha aumentado considerablemente la producción de flechas negras, esas, con la sustancia olvidoica-Z300 que tanto odio usar, porque veo llanto, veo destrucción, pero al menos brinda otra oportunidad para ustedes los mortales.
Nuestros hospitales están cada vez más llenos, y todos los pacientes presentan la misma enfermedad. El músculo cardiaco está cada vez más escaso. Ya no tenemos reservas de nada. Los medicamentos para el alma no se venden en cualquier esquina y todos en la empresa estamos preocupados por la situación.
L a competencia comenzó los rumores. Y nuestro error fue no poner la suficiente atención en lo que se decía. “Que la sustancia fidélica-J200, estará fallando mucho en los próximos años”. Y nosotros reímos a carcajadas cuando esa información llegó a los oídos de los aliados. Y ahora, ellos ríen a carcajadas porque el rumor resultó cierto, porque la sustancia fidélica-J200 comenzó a fallar y ahora todos comenzaron a buscar amor en distintas puertas.
Y todo recae en mí. Porque yo soy el responsable de ese departamento, el del amor.
Y entonces, fue cuando descubrí que ella había cambiado, que su sonrisa había vuelto después de tanto tiempo que se ausentó, que su músculo cardiaco había sanado y que él, aunque sufría también, permanecía igual que antes, como cuando se conocieron.
Mi corazón me lo pedía a gritos, y mi conciencia no me dejaría tranquilo si no intercedía por ellos.
Saqué mi teléfono del bolsillo y me decidí ha hacer la llamada…
-¿Jefe?
-¿si, que pasa?
-Le tengo unos elegidos para la flecha dorada.
-Voy para allá.
Y el jefe los vio, y rápidamente aceptó mi elección.
-Se lo merecen, has tu trabajo- Dijo, y después se marchó.
Ya está. Puse todo de mi parte para que coincidieran en el lugar. Ella estaba ahí y él también. Tomé mi lugar, retiré del estuche color oro brillante la fantástica flecha, la tomé entre mis manos, y recordé la sensación de sentirla mía, algo que ya había olvidado.
La miré, y estaba taciturna, cerca de él. Lo miré también, y la miraba.
No lo pensé más. Rápidamente coloqué todo en su lugar, tiré de la parte posterior de mi saeta preferida. El elástico de mi arco aumentó considerablemente su tamaño, estaba a punto de lanzarla y entonces, sucedió. Mi flecha cayó al suelo, junto con el resto de mi cuerpo.
Entre brumas pude ver como él permanecía en silencio, mirando al horizonte como si nada hubiera pasado. Y ella, mirándome con un pequeño arco en sus manos y la flecha que a éste pertenecía incrustada en mi pecho.
Le di mucho tiempo para pensarlo, ese fue mi error, dije para mi mismo.
-¡Ya no me quiero enamorar! Y si lo vuelves a intentar, te va peor - Finalizó ella, y se marchó.
Fin

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